Dios, lo que yo quiero en realidad es...
D E S A P A R E C E R !!! ):
viernes, 30 de diciembre de 2011
lunes, 12 de diciembre de 2011
El laberinto
Que extraño fue perder la paz en el poste de la paz. Que extraño fue llorar así, romperme así, segundos después de haber sentido que todo estaba bien. Que extraño fue darme cuenta que había estado llorando desde aquel día, y que no lo había sabido.
... Que extraño fue darme cuenta que no me había dado tiempo ni de respirar en las ultimas semanas, y que solo así me mantenía en pie...
Que extraño fue volver a caminar por el sendero de las mil veces, y sentir que no habían pasado estos cinco años.
Pero lo más extraño, fue el laberinto.
Las mil veces que caminé por el sendero, el laberinto no llamó mi atención pues parecerme solo un montón de piedras. Hasta ahora.
Necesitaba urgentemente que alguien me dijera, ¿Quieres conversar? ¿Qué te gatilló? ¿Qué trauma es el que tienes? ¿Necesitas algo? Pero en el fondo sabía que no era el momento.
Me acerqué al laberinto, donde muchos habían quedado enredados dando vueltas de allá para acá, sin sentido para mi.
Estaba dibujado en el suelo, con piedras pequeñas, tenía una sola entrada, que llevaba al centro, a una gran roca, a La gran roca, nuestro Dios, y luego siguiendo el mismo camino de vuelta uno lograba salir.
Lo miré, y abriéndome paso entre las ramas que obstaculizaban la entrada me interné en él.
Comencé a caminar, dudosa y algo asustada, preocupada por que fuera la única que no pudiera salir de ahí.
Seguí la dirección que las piedras me daban, cada vez más rápido, cada vez más deseosa de llegar al centro, cada vez más r á p i d o ydespeseradapuessentíaqueteníaquellegaryellaberintomeconfundíayentonces...
Estaba afuera nuevamente.
Al principio no comprendí que había vuelto a salir, pues los demás no parecían tener mayores problemas al seguir el camino. Pero así era, me había equivocado (siendo esto imposible, pues solo había un camino y que llevaba directamente al centro!) y estaba afuera.
Mi desesperación fue en ese momento aplastante. Miré alrededor y grité con los ojos "¡¿Y ahora qué hago?! ¿Cómo puedo volver a intentarlo si me perdí y en vez de avanzar retrocedí!" Pero no dije nada, y nadie se acercó a ayudarme a encontrar el camino.
Con mucha vergüenza, volví sobre mis pasos e intenté nuevamente llegar al final del laberinto, ahora poniendo mucho cuidado en no equivocarme de nuevo. Esto hizo que fuera más lento, y que cada vez que sentía que estaba más cerca del final el laberinto torcía en la dirección contraria mi rostro palidecía de miedo. ¡No soportaría volver a equivocarme!
Lo encontré muy largo. Y a cada paso que a mi me parecía en falso casi no podía reprimir un sollozo.
Las vueltas seguían, y cuando creí que había vuelto a equivocarme... por fin llegué al centro.
La gran piedra no era para mi más que Jesús, quien me había estado esperando desde el principio. Y me di cuenta, que a medida que llegaba al final me había comenzado a calmar. Le eché un vistazo rápido reprimiendo la enorme necesidad de arrojarme sobre ella y orar, y volví en busca de la salida.
Pero ahora sabía que podría hacerlo. Y que si no, podría volver a intentarlo.
El resto del sendero fue mucho más tranquilo.
Había salido de mi propio laberinto.
... Que extraño fue darme cuenta que no me había dado tiempo ni de respirar en las ultimas semanas, y que solo así me mantenía en pie...
Que extraño fue volver a caminar por el sendero de las mil veces, y sentir que no habían pasado estos cinco años.
Pero lo más extraño, fue el laberinto.
Las mil veces que caminé por el sendero, el laberinto no llamó mi atención pues parecerme solo un montón de piedras. Hasta ahora.
Necesitaba urgentemente que alguien me dijera, ¿Quieres conversar? ¿Qué te gatilló? ¿Qué trauma es el que tienes? ¿Necesitas algo? Pero en el fondo sabía que no era el momento.
Me acerqué al laberinto, donde muchos habían quedado enredados dando vueltas de allá para acá, sin sentido para mi.
Estaba dibujado en el suelo, con piedras pequeñas, tenía una sola entrada, que llevaba al centro, a una gran roca, a La gran roca, nuestro Dios, y luego siguiendo el mismo camino de vuelta uno lograba salir.
Lo miré, y abriéndome paso entre las ramas que obstaculizaban la entrada me interné en él.
Comencé a caminar, dudosa y algo asustada, preocupada por que fuera la única que no pudiera salir de ahí.
Seguí la dirección que las piedras me daban, cada vez más rápido, cada vez más deseosa de llegar al centro, cada vez más r á p i d o ydespeseradapuessentíaqueteníaquellegaryellaberintomeconfundíayentonces...
Estaba afuera nuevamente.
Al principio no comprendí que había vuelto a salir, pues los demás no parecían tener mayores problemas al seguir el camino. Pero así era, me había equivocado (siendo esto imposible, pues solo había un camino y que llevaba directamente al centro!) y estaba afuera.
Mi desesperación fue en ese momento aplastante. Miré alrededor y grité con los ojos "¡¿Y ahora qué hago?! ¿Cómo puedo volver a intentarlo si me perdí y en vez de avanzar retrocedí!" Pero no dije nada, y nadie se acercó a ayudarme a encontrar el camino.
Con mucha vergüenza, volví sobre mis pasos e intenté nuevamente llegar al final del laberinto, ahora poniendo mucho cuidado en no equivocarme de nuevo. Esto hizo que fuera más lento, y que cada vez que sentía que estaba más cerca del final el laberinto torcía en la dirección contraria mi rostro palidecía de miedo. ¡No soportaría volver a equivocarme!
Lo encontré muy largo. Y a cada paso que a mi me parecía en falso casi no podía reprimir un sollozo.
Las vueltas seguían, y cuando creí que había vuelto a equivocarme... por fin llegué al centro.
La gran piedra no era para mi más que Jesús, quien me había estado esperando desde el principio. Y me di cuenta, que a medida que llegaba al final me había comenzado a calmar. Le eché un vistazo rápido reprimiendo la enorme necesidad de arrojarme sobre ella y orar, y volví en busca de la salida.
Pero ahora sabía que podría hacerlo. Y que si no, podría volver a intentarlo.
El resto del sendero fue mucho más tranquilo.
Había salido de mi propio laberinto.
viernes, 25 de noviembre de 2011
martes, 22 de noviembre de 2011
Y pesar de las sonrisas, de las palabras, de la fuerza y la viveza, de los cientos de planes y de los sueños realizados, de los ojos transparentes y el tiempo para ayudar a hasta quien no pensaba ser ayudado,
tengo algo de miedo para cuando llegue ese momento y me encuentre
... aunque sea por un segundo...
sola, abrazada a mis piernas, mirando al horizonte
y preguntándome por ti.
tengo algo de miedo para cuando llegue ese momento y me encuentre
... aunque sea por un segundo...
sola, abrazada a mis piernas, mirando al horizonte
y preguntándome por ti.
Me fui pronto, silenciosamente, sonriendo con la luz en el rostro que ocultaba el brillo de mi nariz.
No dejé mucho, más que la última mirada larga, pues hasta las esperanzas de un futuro me las guardé en el bolsillo.
Sentí que desde el principio ya me estaba despidiendo. Tal vez en eso se embrollaron mi rechazo a la ternura, a las caricias, a los besos y abrazos interminables. Tal vez por eso combatí las palabras dulces, los regalos en el aniversario y las canciones cursis. Tal vez por eso no guardé muchas fotos, no escribí muchas cartas, no dejé osos de peluche, lunas y estrellas.
Y por lo mismo tampoco los acepté de vuelta.
Pensé entonces que nada podría dejarte, pues nada tenía.
Pero no es así.
Y he aquí cada uno de los regalos que para ti atesoré con una ternura desconocida en mi, y que entre tanta vida vivida no alcancé a darte:
Te dejo el color de cada una de las flores que explotaron en primavera.
Te dejo la sonrisa de aquel caballero que detuvo su auto para dejarme cruzar la calle.
Te dejo el color de las burbujas a trasluz.
Te dejo el bullicio de la Plaza de Armas a media tarde.
Te dejo el saludo de la señora Verónica, agitando su mano y diciéndome "Chao, amiga"
Te dejo el brinco en mi corazón con cada fugaz amigo que la vida me regaló.
Te dejo el abrazo de una mujer esforzada que en medio de su inmensa responsabilidad nos daba palabras de aliento.
Te dejo los círculos de luz que se forman al pasar esta entre las hojas de los árboles.
Te dejo a aquel niño que corriendo se detuvo a darme una flor.
Te dejo a aquella niña de ojos enormes que no paraba de mirarnos en el bus.
Te dejo el suave olor de la tierra a las 7 de la mañana.
Te dejo la maravillosa vista del pueblo de Parral a las 22 horas de la tarde.
Te dejo la mirada de reconocimiento de mi mamita al decirme: Cynthia...
Te dejo el abrazo de confianza que me dio Berenice cuando llegué al funeral de su mamá.
Te dejo mi cara embelesada al escuchar el violín de Alejandra.
Te dejo la suavidad de la arena en esa plaza.
Te dejo la luz naranja de la media tarde iluminando los ojos cerrados.
Te dejo la sonrisa de complicidad que últimamente veo en el rostro de mi mamá.
Te dejo las felicitaciones que me dio el caballero que se sentó conmigo en el bus.
Te dejo esa hoja que mágicamente se coló por un hoyito de la pared y apareció como un pequeño milagro de nuestro lado.
Te dejo la mariposa que revoloteó a mi alrededor.
Te dejó el ave que se paró en la punta del techo de mi vecino, y también aquella que sobrevoló el cielo con sus alas jaspeadas.
Te dejó las pinceladas moradas del atardecer y el color oro del río
Te dejó la sonrisa que nunca falta.
Te dejo todas esas imágenes que nunca fotografíe (y menos mal, porque no hubiese sido tan bonito)
Te dejo el asombro que siento al ver como las cosas resultan de la nada cuando decides vivir por la fe.
Te dejo la confianza absoluta que en Dios todo saldrá bien.
No dejé mucho, más que la última mirada larga, pues hasta las esperanzas de un futuro me las guardé en el bolsillo.
Sentí que desde el principio ya me estaba despidiendo. Tal vez en eso se embrollaron mi rechazo a la ternura, a las caricias, a los besos y abrazos interminables. Tal vez por eso combatí las palabras dulces, los regalos en el aniversario y las canciones cursis. Tal vez por eso no guardé muchas fotos, no escribí muchas cartas, no dejé osos de peluche, lunas y estrellas.
Y por lo mismo tampoco los acepté de vuelta.
Pensé entonces que nada podría dejarte, pues nada tenía.
Pero no es así.
Y he aquí cada uno de los regalos que para ti atesoré con una ternura desconocida en mi, y que entre tanta vida vivida no alcancé a darte:
Te dejo el color de cada una de las flores que explotaron en primavera.
Te dejo la sonrisa de aquel caballero que detuvo su auto para dejarme cruzar la calle.
Te dejo el color de las burbujas a trasluz.
Te dejo el bullicio de la Plaza de Armas a media tarde.
Te dejo el saludo de la señora Verónica, agitando su mano y diciéndome "Chao, amiga"
Te dejo el brinco en mi corazón con cada fugaz amigo que la vida me regaló.
Te dejo el abrazo de una mujer esforzada que en medio de su inmensa responsabilidad nos daba palabras de aliento.
Te dejo los círculos de luz que se forman al pasar esta entre las hojas de los árboles.
Te dejo a aquel niño que corriendo se detuvo a darme una flor.
Te dejo a aquella niña de ojos enormes que no paraba de mirarnos en el bus.
Te dejo el suave olor de la tierra a las 7 de la mañana.
Te dejo la maravillosa vista del pueblo de Parral a las 22 horas de la tarde.
Te dejo la mirada de reconocimiento de mi mamita al decirme: Cynthia...
Te dejo el abrazo de confianza que me dio Berenice cuando llegué al funeral de su mamá.
Te dejo mi cara embelesada al escuchar el violín de Alejandra.
Te dejo la suavidad de la arena en esa plaza.
Te dejo la luz naranja de la media tarde iluminando los ojos cerrados.
Te dejo la sonrisa de complicidad que últimamente veo en el rostro de mi mamá.
Te dejo las felicitaciones que me dio el caballero que se sentó conmigo en el bus.
Te dejo esa hoja que mágicamente se coló por un hoyito de la pared y apareció como un pequeño milagro de nuestro lado.
Te dejo la mariposa que revoloteó a mi alrededor.
Te dejó el ave que se paró en la punta del techo de mi vecino, y también aquella que sobrevoló el cielo con sus alas jaspeadas.
Te dejó las pinceladas moradas del atardecer y el color oro del río
Te dejó la sonrisa que nunca falta.
Te dejo todas esas imágenes que nunca fotografíe (y menos mal, porque no hubiese sido tan bonito)
Te dejo el asombro que siento al ver como las cosas resultan de la nada cuando decides vivir por la fe.
Te dejo la confianza absoluta que en Dios todo saldrá bien.
lunes, 24 de octubre de 2011
Hay algunas que no son como yo.
Hay algunas que se sonríen, que siempre huelen bien,
que brillan hasta en la oscuridad,
que resucitan hasta los muertos.
Pero
Si quieres una a la que todo le parezca bien
que siempre diga ¡sí!
que necesite nada
que se peine y sea bella
que tenga manos suave
y piernas eternas
que tenga mil formas de hacerte feliz
que sepa cocinar, limpiar y bailar!
que entienda de la moda y de lo que a ti te acomoda
que sea tibia y dulce
que viva en primavera
y descanse en invierno
que te entregue todo lo que quieras
y que sobre
y que más
que camine con soltura
y te ame con locura
Entonces, no me busques a mí.
Hay algunas que se sonríen, que siempre huelen bien,
que brillan hasta en la oscuridad,
que resucitan hasta los muertos.
Pero
Si quieres una a la que todo le parezca bien
que siempre diga ¡sí!
que necesite nada
que se peine y sea bella
que tenga manos suave
y piernas eternas
que tenga mil formas de hacerte feliz
que sepa cocinar, limpiar y bailar!
que entienda de la moda y de lo que a ti te acomoda
que sea tibia y dulce
que viva en primavera
y descanse en invierno
que te entregue todo lo que quieras
y que sobre
y que más
que camine con soltura
y te ame con locura
Entonces, no me busques a mí.
martes, 18 de octubre de 2011
Querida, querida viejita, ¿A dónde te fuiste?
¿A dónde te fuiste, hermosa mía?
Mamita, te hecho tanto de menos... Tanto, tanto.
A veces tengo miedo de no recordar, como eras antes. Esa que sonría, que me entendía, que siempre me conocía, ¡Que me regaloneabas más que a ningún nieto!
Aquí, en mi computador, está nuestra foto. Mi cabeza pequeña, redondita, pelada, más fea! Y tu, tan concentrada en mi, en darme comida, tu cara entre risa y preocupación, y amor y encantamiento...
Hecho de menos cuando me sentía segura en tus brazos. Cuando hacías cosas ricas, empanadas, pan, mote con huesillo... me dabas masa y yo hacía mis sopaipillas feas y chicas con formas raras...
Me dejabas hacer lo que quisiera! Hasta jugar con las figuritas de la mesita de centro, tomar el té en el plato, y apartar de la comida lo que no me gustaba...
Pero son tantas cosas que no recuerdo... Es la enfermedad, como que llegara a todos y de a poco nos fuera borrando la memoria en conjunto...
A veces no recuerdo como era tu mirada segura, sin extraviarse como ahora,
lo que era no sentir miedo cuando pedías la palabra
lo que era dejarse llevar por ti, y no llevarte yo
y lo más importante, cuando Dios te usaba tan lindo!
Ahora, me carga como te mira la gente, casi con pena, con compasión... ¡Fingen! Yo lo sé, mamita,
y no aguanto que se sientan mejores personas solo porque hacen como que te ayudan.
Me carga que miren como "que irá a hacer ahora", o "no importa, si después se olvidará".
Pero no importa, no importa que aveces no te acuerdes de mi nombre, no te acuerdes que soy tu nieta, que no te acuerdes dónde estás, quién es mi papito o cualquier cosa...
Te amo, mi viejita, te amo mucho.
Aunque a veces pareciera que eres otra, aunque aveces deseo con todas mis fuerzas que vuelvas al mundo real, que seas Mi mamita, te amo...
¿A dónde te fuiste, hermosa mía?
Mamita, te hecho tanto de menos... Tanto, tanto.
A veces tengo miedo de no recordar, como eras antes. Esa que sonría, que me entendía, que siempre me conocía, ¡Que me regaloneabas más que a ningún nieto!
Aquí, en mi computador, está nuestra foto. Mi cabeza pequeña, redondita, pelada, más fea! Y tu, tan concentrada en mi, en darme comida, tu cara entre risa y preocupación, y amor y encantamiento...
Hecho de menos cuando me sentía segura en tus brazos. Cuando hacías cosas ricas, empanadas, pan, mote con huesillo... me dabas masa y yo hacía mis sopaipillas feas y chicas con formas raras...
Me dejabas hacer lo que quisiera! Hasta jugar con las figuritas de la mesita de centro, tomar el té en el plato, y apartar de la comida lo que no me gustaba...
Pero son tantas cosas que no recuerdo... Es la enfermedad, como que llegara a todos y de a poco nos fuera borrando la memoria en conjunto...
A veces no recuerdo como era tu mirada segura, sin extraviarse como ahora,
lo que era no sentir miedo cuando pedías la palabra
lo que era dejarse llevar por ti, y no llevarte yo
y lo más importante, cuando Dios te usaba tan lindo!
Ahora, me carga como te mira la gente, casi con pena, con compasión... ¡Fingen! Yo lo sé, mamita,
y no aguanto que se sientan mejores personas solo porque hacen como que te ayudan.
Me carga que miren como "que irá a hacer ahora", o "no importa, si después se olvidará".
Pero no importa, no importa que aveces no te acuerdes de mi nombre, no te acuerdes que soy tu nieta, que no te acuerdes dónde estás, quién es mi papito o cualquier cosa...
Te amo, mi viejita, te amo mucho.
Aunque a veces pareciera que eres otra, aunque aveces deseo con todas mis fuerzas que vuelvas al mundo real, que seas Mi mamita, te amo...
jueves, 6 de octubre de 2011
Se lo dijo, se lo dijo todo, ¡Le gritó todo!
Con los puños cerrados, hacia atrás los brazos como dándose impulso, le gritó y se sorprendió a si misma del volumen de su voz.
Él tan solo la mira. Cada vez más lejano, más distante, más borroso, rígido y frío.
Le gritó, se lo dijo, descansó.
Ella terminó de gritar, y se mordió el labio. Esperó.
Esperó mientras él le echaba una ultima mirada. Espero mientras él no decía nada. Esperó mientras él se iba, se alejaba, adiós.
Siguió esperando, sin saber porque, hasta que deslizó por el piso, desvalida y confundida, sin entender que había sucedido.
Con los puños cerrados, hacia atrás los brazos como dándose impulso, le gritó y se sorprendió a si misma del volumen de su voz.
Él tan solo la mira. Cada vez más lejano, más distante, más borroso, rígido y frío.
Le gritó, se lo dijo, descansó.
Ella terminó de gritar, y se mordió el labio. Esperó.
Esperó mientras él le echaba una ultima mirada. Espero mientras él no decía nada. Esperó mientras él se iba, se alejaba, adiós.
Siguió esperando, sin saber porque, hasta que deslizó por el piso, desvalida y confundida, sin entender que había sucedido.
Espera, espera no más, a que seas grande.
Espera, espera no más, a no tener miedo.
Espera, espera no más, a cuando ya no tengas que calmarme.
Espera, espera no más, hasta que ya aprendido a quererme.
Espera, espera no más, hasta que no esté nadie más esperando por mi.
Espera, espera no más, mientras termina esa canción que escuchas, mientras termina ese poema que lees, mientras hacen efecto tus palabras somníferas, espera.
Espera, espera no más, que yo ya me voy.
Y no se si volveré.
Espera, espera no más, a no tener miedo.
Espera, espera no más, a cuando ya no tengas que calmarme.
Espera, espera no más, hasta que ya aprendido a quererme.
Espera, espera no más, hasta que no esté nadie más esperando por mi.
Espera, espera no más, mientras termina esa canción que escuchas, mientras termina ese poema que lees, mientras hacen efecto tus palabras somníferas, espera.
Espera, espera no más, que yo ya me voy.
Y no se si volveré.
lunes, 3 de octubre de 2011
Crisálido...
Un hombre encontró un capullo de una mariposa y lo llevó a casa para observar a la mariposa cuando saliera del capullo. Un día vio que había un pequeño orificio y entonces se sentó a observar por varias horas, apreciando que la mariposa luchaba en su interior por abrirlo mas grande y poder salir. Hasta que llegó un momento en el que pareció haber cesado de forcejear, pues aparentemente no progresaba en su intento. Entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña tijera cortó al lado del agujero para y ayudar a la mariposa pudo salir del capullo. Sin embargo al salir la mariposa tenía el cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas y dobladas. El hombre espero a que el cuerpo se desinflamará y las alas se desdoblarían y volará. Sin embargo no sucedió nada y la mariposa solamente podía arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas dobladas. No podía a volar. Lo que el hombre en su bondad no entendió era que la resistencia del capullo por abrirse y la lucha de la mariposa para salir por ese diminuto agujero, era una forma en se forzaba el cuerpo de la mariposa a enviar fluidos hacia sus alas y así promover su crecimiento y que estuviesen grandes y fuertes y luego pudiese volar. Para las mariposas libertad y el volar solamente podrán llegar luego de la lucha. Al privar a la mariposa de la lucha también le fue privada su salud. Algunas veces las luchas son lo que necesitamos en la vida. En ocasiones como esta nos preguntamos el ¿Por qué Dios no busca otras maneras de hacernos crecer en sus caminos y superar nuestros problemas? La respuesta es que si nos Dios permitiera progresar por nuestras vidas sin obstáculos, nos convertiría en inválidos. No podríamos crecer y ser tan fuertes como podríamos haberlo sido...
jueves, 8 de septiembre de 2011
jueves, 1 de septiembre de 2011
Últimamente he llegado a pensar que soy una miedosa.
Tengo miedo de la oscuridad.
Tengo miedo... de la inmensidad.
Cada vez le temo más a la soledad, y a la compañia.
A veces, tengo miedo de volar. Y de ser inmensamente feliz, porque;
"Solo te dejan ser así de feliz cuando se están preparando para llevarse algo de ti"
Tengo miedo de lo que viene, de lo fue, de lo que es.
Un miedo irrefrenable a amar, a amar en su más entera expresión, porque lo queramos o no,
los hombres tenemos miedo de lo hermoso.
Tengo miedo, de verdad. Mucho miedo.
Me he descubierto más cobarde de lo que creía, y eso, admito, me da miedo también.
¿Es legítimo estar tan asustada? ¿Lo entiendes tú?
Tengo miedo de la oscuridad.
Tengo miedo... de la inmensidad.
Cada vez le temo más a la soledad, y a la compañia.
A veces, tengo miedo de volar. Y de ser inmensamente feliz, porque;
"Solo te dejan ser así de feliz cuando se están preparando para llevarse algo de ti"
Tengo miedo de lo que viene, de lo fue, de lo que es.
Un miedo irrefrenable a amar, a amar en su más entera expresión, porque lo queramos o no,
los hombres tenemos miedo de lo hermoso.
Tengo miedo, de verdad. Mucho miedo.
Me he descubierto más cobarde de lo que creía, y eso, admito, me da miedo también.
¿Es legítimo estar tan asustada? ¿Lo entiendes tú?
lunes, 1 de agosto de 2011
jueves, 28 de julio de 2011
¿En qué mundo esto metida?
A veces imagino mi vida si Dios no me hubiese encontrado antes... sería un verdadero desastre; con mi tendencia a la idealización y el hambre de justicia (¡que pocos conocen, pero cómo arde!) sería una atea, fumadora y con drogas en el cuerpo, famélica y blancucha, luchando de día y muriendo de noche, quizás sosteniendo las pancartas y banderas en las marchas, quizás lanzando objetos peligrosos, qué se yo! Sé que mi vida tira muchas veces por ahí, por la locura y el desenfreno, lo radical... ¡Ay, si Dios no me hubiese encontrado!
Pero no quitó mi pasión por una gran causa (que aun no estoy segura de conocer) y que bulle dentro de mi... es un asunto difícil, tener todas las ganas y el impetú de correr y luchar contra el mundo, y sin embargo saber que aun no es el tiempo y es mejor sentarme sobre mi trasero y escribir esto en mi blog sin mover un dedo (aun) por una de "las causas justas"
Gran consejo el de Elena, ¡Gracias a Dios la conocí!
"Lo que si creo que es posible, es que el Señor te va a mostrar UN GIGANTE - un gigante que está destruyendo algo, una parte de la sociedad, a la cual tu estés dedicando tu vida para sanar. Es probable que el Señor no quiere que te involucres en acciones en contra de TODOS los males de este país sino que te guiará hacia UNO - uno que tomará tu energía, atucia, inteligencia y conocimiento para combatir. Pues no podemos en contra de todos a la vez - hay que escoger nuestras batallas. Y hay que ser inteligentes para poder causar el mejor cambio en el momento ideal. No te involucres en algo simplemente porque todos se están involucrando. Pide al Señor cuál es el gigante contra el cual El te quiere usar. Si es la reforma escolar, entonces te dará las herramientas y la sabiduría para realmente efectuar un cambio. Si es Hidroaysen, entonces te mostrará donde y cuándo. Pero no picotees en todo. Escrudiña todo, ponlo en oración, averigua, investiga - no tomes la palabra de otros sino busca por ti misma - y cuando sientes la convicción de que el Señor te dice "ahora si" cuando sientes que hay algo que arde en tu pecho y no te puedes quedar callada, entonces, no importando lo que dice tu iglesia (¡o la familia pastoral!) sigue adelante con la dirección y la fuerza del Señor"
¡Dios, haz en mi cómo tu quieras!
A veces imagino mi vida si Dios no me hubiese encontrado antes... sería un verdadero desastre; con mi tendencia a la idealización y el hambre de justicia (¡que pocos conocen, pero cómo arde!) sería una atea, fumadora y con drogas en el cuerpo, famélica y blancucha, luchando de día y muriendo de noche, quizás sosteniendo las pancartas y banderas en las marchas, quizás lanzando objetos peligrosos, qué se yo! Sé que mi vida tira muchas veces por ahí, por la locura y el desenfreno, lo radical... ¡Ay, si Dios no me hubiese encontrado!
Pero no quitó mi pasión por una gran causa (que aun no estoy segura de conocer) y que bulle dentro de mi... es un asunto difícil, tener todas las ganas y el impetú de correr y luchar contra el mundo, y sin embargo saber que aun no es el tiempo y es mejor sentarme sobre mi trasero y escribir esto en mi blog sin mover un dedo (aun) por una de "las causas justas"
Gran consejo el de Elena, ¡Gracias a Dios la conocí!
"Lo que si creo que es posible, es que el Señor te va a mostrar UN GIGANTE - un gigante que está destruyendo algo, una parte de la sociedad, a la cual tu estés dedicando tu vida para sanar. Es probable que el Señor no quiere que te involucres en acciones en contra de TODOS los males de este país sino que te guiará hacia UNO - uno que tomará tu energía, atucia, inteligencia y conocimiento para combatir. Pues no podemos en contra de todos a la vez - hay que escoger nuestras batallas. Y hay que ser inteligentes para poder causar el mejor cambio en el momento ideal. No te involucres en algo simplemente porque todos se están involucrando. Pide al Señor cuál es el gigante contra el cual El te quiere usar. Si es la reforma escolar, entonces te dará las herramientas y la sabiduría para realmente efectuar un cambio. Si es Hidroaysen, entonces te mostrará donde y cuándo. Pero no picotees en todo. Escrudiña todo, ponlo en oración, averigua, investiga - no tomes la palabra de otros sino busca por ti misma - y cuando sientes la convicción de que el Señor te dice "ahora si" cuando sientes que hay algo que arde en tu pecho y no te puedes quedar callada, entonces, no importando lo que dice tu iglesia (¡o la familia pastoral!) sigue adelante con la dirección y la fuerza del Señor"
¡Dios, haz en mi cómo tu quieras!
Nirvana - Helpme I`m Hungry (unreleased song `89) subtitulado
Pobre Cobain,
pedía ayuda a gritos
y luego la gente tan solo se preguntaba,
"¿Por qué murió"?
Quizás me hubiese pasado lo mismo
si le hubiese gritado a una multitud que me ayudara
y nadie respondiese... que solo me hubiese sentido...
miércoles, 27 de julio de 2011
No entiendo bien. Creo ser una persona agradable, risueña, no excesivamente aburrida, no tan inmirable, pacífica y sincera en todo momento, leal e incapaz de hacer daño sin sentirme demasiado culpable.
Pero aun así, no atraigo a la gente. Es de hecho lo contrario, cómo si más bien los alejara.
¿Por qué? ¿Me he vuelto derepente muy desagradable?
Admito que veo a otras personas, mucho mas hurañas, desleales, fingidas, conflictivas, hirientes, antipáticas y mentirosas, y que sin embargo tienen a muchas personas alrededor.
Esto no me molestaría tanto si no estuviera a cargo de un grupo... A veces me pregunto, ¿Por qué Dios no elegió alguna personas más carismática para este puesto?
Quiero mucho a los chicos, realmente sufro por ellos y con ellos, me esfuerzo mucho por sentir un amor sincero por cada uno de ellos, me preocupo personalmente y los presento a veces uno por uno delante de Dios, pero aun así es como si me tuvieran miedo, o rabia, o indiferencia o nosé...
¿En qué va? ¿Es que se supone que así debe ser? Sé que no pido su admiración, ni siquiera su amor o incondicionalidad, pero ¿Rechazo? ¿No será demasiado? ¿Es demasiado pedir apoyo? ¿Un poco de cariño?
Sé que hay muchos otros, (o quizás no muchos pero si más de uno)(y pienso en una persona muy expecíficamente) que haría esto muchísimo mejor que yo...
puedo suponer que es un proceso de parte de Dios para que madura, me esfuerze, consagre, aprenda, pero ¿Esto no daña más a los chicos? ¿No sería más fácil y bueno para ellos tener como líder a alguien que aprecien, admiren y en quien confíen? A mi me gustaría tener un líder así...
No intentaré entenderlo... ya que va, yo creo que nisiquiera de cuestionarmelo (aunque en el fondo seguiré haciendolo)... es que rayos! Se llevan tan bien entre ellos, que no encajo, ¡No encajo! Es muy sencillo... es como ver a un grupo de personas que habla animada, y que se callan inmediatamente cuando tu llegas...
Siempre ha sido así...
...Nunca entiendo las bromas
...Ni soy invitada a las juntas
...Nadie me da un regalo espóntaneo para mi cumpleaños
...Nadie corre a abrazarme cuando llego
...Ni me busca cuando necesita consuelo...
Y sin embargo, aquí estoy, sin entender si soy realmente tan jodidamente antipática y bruja que la gente empieza de a poco a rehuirme...
Bah! Si supieran que constantemente pienso en ellos, que muchas veces lloro por ellos, que me alegro por ellos...
Pero bueno, aun queda 1 año y medio, y me tendrán que seguir aguantando...
Y yo seguiré haciendo mi silencioso trabajo, en dónde solo recuerdan cuando los reto, me mando una embarrada o los "hago sentir mal" por alguna corrección...
será... no faltará quien se llevará los agradecimientos de mi esfuerzo,
aunque el único que se merezca la gloria sea Dios.
Pero aun así, no atraigo a la gente. Es de hecho lo contrario, cómo si más bien los alejara.
¿Por qué? ¿Me he vuelto derepente muy desagradable?
Admito que veo a otras personas, mucho mas hurañas, desleales, fingidas, conflictivas, hirientes, antipáticas y mentirosas, y que sin embargo tienen a muchas personas alrededor.
Esto no me molestaría tanto si no estuviera a cargo de un grupo... A veces me pregunto, ¿Por qué Dios no elegió alguna personas más carismática para este puesto?
Quiero mucho a los chicos, realmente sufro por ellos y con ellos, me esfuerzo mucho por sentir un amor sincero por cada uno de ellos, me preocupo personalmente y los presento a veces uno por uno delante de Dios, pero aun así es como si me tuvieran miedo, o rabia, o indiferencia o nosé...
¿En qué va? ¿Es que se supone que así debe ser? Sé que no pido su admiración, ni siquiera su amor o incondicionalidad, pero ¿Rechazo? ¿No será demasiado? ¿Es demasiado pedir apoyo? ¿Un poco de cariño?
Sé que hay muchos otros, (o quizás no muchos pero si más de uno)(y pienso en una persona muy expecíficamente) que haría esto muchísimo mejor que yo...
puedo suponer que es un proceso de parte de Dios para que madura, me esfuerze, consagre, aprenda, pero ¿Esto no daña más a los chicos? ¿No sería más fácil y bueno para ellos tener como líder a alguien que aprecien, admiren y en quien confíen? A mi me gustaría tener un líder así...
No intentaré entenderlo... ya que va, yo creo que nisiquiera de cuestionarmelo (aunque en el fondo seguiré haciendolo)... es que rayos! Se llevan tan bien entre ellos, que no encajo, ¡No encajo! Es muy sencillo... es como ver a un grupo de personas que habla animada, y que se callan inmediatamente cuando tu llegas...
Siempre ha sido así...
...Nunca entiendo las bromas
...Ni soy invitada a las juntas
...Nadie me da un regalo espóntaneo para mi cumpleaños
...Nadie corre a abrazarme cuando llego
...Ni me busca cuando necesita consuelo...
Y sin embargo, aquí estoy, sin entender si soy realmente tan jodidamente antipática y bruja que la gente empieza de a poco a rehuirme...
Bah! Si supieran que constantemente pienso en ellos, que muchas veces lloro por ellos, que me alegro por ellos...
Pero bueno, aun queda 1 año y medio, y me tendrán que seguir aguantando...
Y yo seguiré haciendo mi silencioso trabajo, en dónde solo recuerdan cuando los reto, me mando una embarrada o los "hago sentir mal" por alguna corrección...
será... no faltará quien se llevará los agradecimientos de mi esfuerzo,
aunque el único que se merezca la gloria sea Dios.
lunes, 25 de julio de 2011
Yo no buscaba a nadie, y te vi.
Juntabas margaritas del mantel
Ya se que te trate bastante mal
No se si eras un angel o un rubi
O simplemente te vi
Te vi
Saliste entre la gente a saludar
Los astros se rieron otra vez
La llave de mandala se quebró
O simplemente te vi
Todo lo que diga esta de mas
Las luces siempre encienden
En el alma
Y cuando me pierdo en la ciudad
Vos ya sabes comprender
Es solo un rato no mas
Tendria que llorar o salir a matar
Te vi, te vi, te vi
Yo no buscaba a nadie y te vi
Te vi
Fumabando entre unos chinos en madrid
Hay cosas que te ayudan a vivir
No hacias otra cosa que escribir
Y yo simplemente te vi
Me fui
Me voy de vez en cuando a algun lugar
Ya se, no te hace gracia este pais
Tenias un vestido y un amor
Yo simplemente te vi
sábado, 23 de julio de 2011
miércoles, 13 de julio de 2011
viernes, 8 de julio de 2011

Sigo con lo anterior, que no contempla para nada lo que acabo de hablar.
Tu carta sobre el invierno es... no sé. Es...
la Karina (que por si acaso es una asesina!) la encontró encima de mi mesa, y creyó que yo la había escrito, porque... era como leerme a mi. Hasta que siguió y después comprendió que tú la habías escrito.
Es tan extraño, que se me muestra clarísimo, como si siempre hubiese sido así.
Nos conocemos desde siempre, ¿Te das cuenta? Y recorrimos nuestros propios caminos, para encontrarnos en el momento y lugar precisos. Una cola de supermercado. Es que no puedo evitar lo perfecto que es Dios.
Vuelo a mis imágenes en sepia, y creo que todo el tiempo estuve pensando en ti. Que toda mi vida sabía que TE encontraría.
(Rayos, suena tan jodidamente cursi, pero es que ES ASÍ! ¿Cómo expresar algo sin usar las palabras que mejor lo definen? Quizás por eso las han usado tanto las personas, por eso suenan tan manoseadas y pisoteadas, porque, ¡¿Qué palabras usaremos si no las precisas?!)
Recuerdo verte. Eras atrayente y aterrador. Es que, todo, jaja, suena a chiste. Cómo nos encontramos, a quienes les gustamos primero, jaja. Yo, la peor mejor amiga y tú, el Judas. Es tétrico recordarlo, pero es que... fue así. Tantas barreras, tantos obstáculos, ¡Si que fueron hartos! No sé cómo no me he dado cuenta que el mayor puñetazo que le di a mi inseguridad fue confiar en ti. Tenía TODAS las de perder...
Y tú, conmigo, también.
Yo te imaginaba en un mundo dónde habían mil placeres que serían mucho más atrayentes que yo. Y tú (quizás, en solo una suposición, no me lo has confirmado), me imaginabas en un espacio donde habitaba lo puro y sagrado, donde habría otro buen samaritano que me haría más feliz.
Pero Dios tenía planes distintos, y ese día, cuando conversamos como dos extraños que no tienen nada que esconder, nada que aparentar, nada que decirse, pero que sin embargo se dijeron todo... Ese día surgió la diferencia. Para ambos.
Nunca podría escribir nuestra historia. Porque es un atado imposible de sensaciones y directrices que se entrelazan. Pasaron tantas cosas, ¿recuerdas? Somo tan distintos a aquel entonces, y sin embargo, seguimos siendo los mismo...
Tan sólo va un poco más de un año, y nunca mi vida había dado un sacudón tan grande. No puedo olvidar la cara de mi mamá mirándonos desde lo alto de esa vitrina, con los ojos más asesinos que una pastora se puede permitir, y compararla con el abrazo que te dio en medio de lágrimas de un amor que te adoptaba, y que aun ahora me sorprende.
Tus ojos. Nunca los vi tan dulces. Eran grises, antes, eran grises y asustaban, eran atormentados, y escondían tantas cosas. Tu rostro, eran dos rostros bajo una misma piel, y sin embargo Dios me permitió conocerte... Te vi a ti, desde el principio, nunca fuiste el Psychedelic, ni ninguna otra cosa, siempre fuiste tú, y de ti me enamoré, no de tu carátula, no del que contaron que eras, no del que fingiste ser. (Porque admito que muchas veces te confundí con el insufrible Jim, con el adorable Principito y el volador Peter, pero ellos no me interesaban, lero lero.) Y las personas amables que me intentaron disuadir de mi elección, que me previnieron de ti... y mi propio instinto de supervivencia, que me decía ¡Corre! ¡Huye!
Las veces que crucé nadando esa piscina donde siempre pensaba en ti, eran para mi entrenamiento de resistencia, para correr lejos de ti, alejarme tan rápidamente para que no pudieses encontrarme. Pero siempre me encontrabas.
O quizás siempre te volvía a buscar.
Los sentimientos de culpa, el atormentarme pensando que todo era una treta del enemigo para desviarme del enorme desafío que Dios me había encomendado, llevarte a que le conocieras.
Luché, luché mucho, aunque quizás no lo suficiente. Porque, es probable, que en el fondo de mí existía la certeza (sin yo saberlo jamás, sino hasta ahora) que era una lucha de antemano perdida.
Es extraño darse cuenta ahora que Dios escuchaba todas y cada una de mis oraciones desconsoladas durante todos estos años, donde le rogaba encontrar a alguien que me amáse y no sentirme así tan sola y desgraciada (era una chica dramática, eh!), preguntando "para qué" "cómo" "cuándo" "dónde" "quién" "yo" y "por qué" no me amaba el amor de mi infancia, sufriendo como solo una niña de 15 años puede hacerlo, descubriendo recién que tiene un corazón, y que está herido. Y sin embargo, él me escuchó. Sólo que no era el tiempo adecuado.
Que a mi se me ocurriera en segundo medio estudiar Trabajo Social, (que a ti no te alcanzase el puntaje para estudiar sociología!), que mi mejor amiga fuese tan sociable, que tu hayas sobrevivido a un tsunami, que tuvieras vales sodexo, que la Jordana también, que tuviesemos que hacer una etnografía, que yo te viese por primera vez echado en una silla y con pinta de no estar en este mundo, que en la banca donde nos sentamos a conversar antes de irnos a la iglesia tu me dijeses "Voy contigo porque me gustas", que yo abriese los ojos asustada y tu rieras alegremente de tu propia broma inventada al vuelo, que siguieras viniendo y Dios hablase calladamente a tu vida, que desde el primer día no pudimos estar sin comunicarnos, que ambos creyésemos que todo era un juego más, pero que después nos comenzó a atormentar hasta dormidos, que los demás amoríos fugaces desapareciendo de una plumada del corazón, que mi mamá te odiara y luego te quisiera a pesar de mi, que el chico que no lloraba se encontrase un día sin poder aguantarse las lágrimas en una pieza llena de gente que cantaba a Jesús, que la chica que siempre fingía sonreír admitiera de verdad que una parte de su corazón estaba roto y que lo escondía hacía años, que el perfume que te compré fuese el que más te ha gustado en la vida, que las flores que me has regalado son las más hermosas de la tierra, que me dijeras que soy linda a pesar de estás horriblemente resfriada, que cada día te encuentre más azul y con un caballo blanco a la siga, que el milagro que siempre pedí tuviese tu nombre y tus ojos, que la mano que necesitabas para levantarte fuese la frágil y helada mía...
Que todo esto no es casualidad, y que ¡RECóRCHOLIS! Te amo :)
Y esto fue solo el comienzo. Porque nuestra historia no ha parado de cambiar, y no fue como las películas, que la besarse los protagonistas la voz en off dice: Y vivieron felices para siempre...
Sino que es: Y viven felices aun. Y para siempre.
Tu carta sobre el invierno es... no sé. Es...
la Karina (que por si acaso es una asesina!) la encontró encima de mi mesa, y creyó que yo la había escrito, porque... era como leerme a mi. Hasta que siguió y después comprendió que tú la habías escrito.
Es tan extraño, que se me muestra clarísimo, como si siempre hubiese sido así.
Nos conocemos desde siempre, ¿Te das cuenta? Y recorrimos nuestros propios caminos, para encontrarnos en el momento y lugar precisos. Una cola de supermercado. Es que no puedo evitar lo perfecto que es Dios.
Vuelo a mis imágenes en sepia, y creo que todo el tiempo estuve pensando en ti. Que toda mi vida sabía que TE encontraría.
(Rayos, suena tan jodidamente cursi, pero es que ES ASÍ! ¿Cómo expresar algo sin usar las palabras que mejor lo definen? Quizás por eso las han usado tanto las personas, por eso suenan tan manoseadas y pisoteadas, porque, ¡¿Qué palabras usaremos si no las precisas?!)
Recuerdo verte. Eras atrayente y aterrador. Es que, todo, jaja, suena a chiste. Cómo nos encontramos, a quienes les gustamos primero, jaja. Yo, la peor mejor amiga y tú, el Judas. Es tétrico recordarlo, pero es que... fue así. Tantas barreras, tantos obstáculos, ¡Si que fueron hartos! No sé cómo no me he dado cuenta que el mayor puñetazo que le di a mi inseguridad fue confiar en ti. Tenía TODAS las de perder...
Y tú, conmigo, también.
Yo te imaginaba en un mundo dónde habían mil placeres que serían mucho más atrayentes que yo. Y tú (quizás, en solo una suposición, no me lo has confirmado), me imaginabas en un espacio donde habitaba lo puro y sagrado, donde habría otro buen samaritano que me haría más feliz.
Pero Dios tenía planes distintos, y ese día, cuando conversamos como dos extraños que no tienen nada que esconder, nada que aparentar, nada que decirse, pero que sin embargo se dijeron todo... Ese día surgió la diferencia. Para ambos.
Nunca podría escribir nuestra historia. Porque es un atado imposible de sensaciones y directrices que se entrelazan. Pasaron tantas cosas, ¿recuerdas? Somo tan distintos a aquel entonces, y sin embargo, seguimos siendo los mismo...
Tan sólo va un poco más de un año, y nunca mi vida había dado un sacudón tan grande. No puedo olvidar la cara de mi mamá mirándonos desde lo alto de esa vitrina, con los ojos más asesinos que una pastora se puede permitir, y compararla con el abrazo que te dio en medio de lágrimas de un amor que te adoptaba, y que aun ahora me sorprende.
Tus ojos. Nunca los vi tan dulces. Eran grises, antes, eran grises y asustaban, eran atormentados, y escondían tantas cosas. Tu rostro, eran dos rostros bajo una misma piel, y sin embargo Dios me permitió conocerte... Te vi a ti, desde el principio, nunca fuiste el Psychedelic, ni ninguna otra cosa, siempre fuiste tú, y de ti me enamoré, no de tu carátula, no del que contaron que eras, no del que fingiste ser. (Porque admito que muchas veces te confundí con el insufrible Jim, con el adorable Principito y el volador Peter, pero ellos no me interesaban, lero lero.) Y las personas amables que me intentaron disuadir de mi elección, que me previnieron de ti... y mi propio instinto de supervivencia, que me decía ¡Corre! ¡Huye!
Las veces que crucé nadando esa piscina donde siempre pensaba en ti, eran para mi entrenamiento de resistencia, para correr lejos de ti, alejarme tan rápidamente para que no pudieses encontrarme. Pero siempre me encontrabas.
O quizás siempre te volvía a buscar.
Los sentimientos de culpa, el atormentarme pensando que todo era una treta del enemigo para desviarme del enorme desafío que Dios me había encomendado, llevarte a que le conocieras.
Luché, luché mucho, aunque quizás no lo suficiente. Porque, es probable, que en el fondo de mí existía la certeza (sin yo saberlo jamás, sino hasta ahora) que era una lucha de antemano perdida.
Es extraño darse cuenta ahora que Dios escuchaba todas y cada una de mis oraciones desconsoladas durante todos estos años, donde le rogaba encontrar a alguien que me amáse y no sentirme así tan sola y desgraciada (era una chica dramática, eh!), preguntando "para qué" "cómo" "cuándo" "dónde" "quién" "yo" y "por qué" no me amaba el amor de mi infancia, sufriendo como solo una niña de 15 años puede hacerlo, descubriendo recién que tiene un corazón, y que está herido. Y sin embargo, él me escuchó. Sólo que no era el tiempo adecuado.
Que a mi se me ocurriera en segundo medio estudiar Trabajo Social, (que a ti no te alcanzase el puntaje para estudiar sociología!), que mi mejor amiga fuese tan sociable, que tu hayas sobrevivido a un tsunami, que tuvieras vales sodexo, que la Jordana también, que tuviesemos que hacer una etnografía, que yo te viese por primera vez echado en una silla y con pinta de no estar en este mundo, que en la banca donde nos sentamos a conversar antes de irnos a la iglesia tu me dijeses "Voy contigo porque me gustas", que yo abriese los ojos asustada y tu rieras alegremente de tu propia broma inventada al vuelo, que siguieras viniendo y Dios hablase calladamente a tu vida, que desde el primer día no pudimos estar sin comunicarnos, que ambos creyésemos que todo era un juego más, pero que después nos comenzó a atormentar hasta dormidos, que los demás amoríos fugaces desapareciendo de una plumada del corazón, que mi mamá te odiara y luego te quisiera a pesar de mi, que el chico que no lloraba se encontrase un día sin poder aguantarse las lágrimas en una pieza llena de gente que cantaba a Jesús, que la chica que siempre fingía sonreír admitiera de verdad que una parte de su corazón estaba roto y que lo escondía hacía años, que el perfume que te compré fuese el que más te ha gustado en la vida, que las flores que me has regalado son las más hermosas de la tierra, que me dijeras que soy linda a pesar de estás horriblemente resfriada, que cada día te encuentre más azul y con un caballo blanco a la siga, que el milagro que siempre pedí tuviese tu nombre y tus ojos, que la mano que necesitabas para levantarte fuese la frágil y helada mía...
Que todo esto no es casualidad, y que ¡RECóRCHOLIS! Te amo :)
Y esto fue solo el comienzo. Porque nuestra historia no ha parado de cambiar, y no fue como las películas, que la besarse los protagonistas la voz en off dice: Y vivieron felices para siempre...
Sino que es: Y viven felices aun. Y para siempre.
Foto: Pinguinos amantes del frío.
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(L),
no te preocupes no estoy loca,
te quiero
Estos días de eh-nfermedad me he puesto a pensar muchas cosas.
Perdón, dije ¿Puesto a pensar?
Realmente no me he "puesto" a pensar nada. Tan solo he pensado muchas cosas, que se han cruzado por mi mente derepente y a veces. Realmente he meditado sobre esta entrada (já, cómo si alguien la fuese a leer!)
Quiero empezar con un pequeño paréntesis, que más qué movido por la rabia, como pensé al principio, está movido por la compasión. Por los miles de jovencitos frágiles, famélicos, endurecidos por sus propios miedos y tristezas internas, con esa ropa estrafalaria, gafas enormes y pelo rojo, odiándo la vida, pero sin una fuerza real. Tan sólo hastiados de seguir moviéndose, solo viviendo para seguir esa moda, que se los come por dentro. Hablando en un insoportable espanglish, disfrutando la vida en un impenetrable mutismo, expresando sus sentimientos solo con el alzar de una ceja, inventando amoríos que duran lo de un suspiro y duelen toda una vida, viviendo a través de otros íconos que solo han llegado al nivel máximo de decadencia...
Los nerds de la nueva ola. Más oscuros y retorcidos, la nueva arma.
¿Qué pasa? ¿Qué pasa? Es la soledad, que se traga todo.
¿Y qué hago yo? ¿Dónde estoy? Escribiendo esta nota que a lo sumo mi hermana leerá, y mareándome porque velo por unos 15 adolescentes...
Bueno. Ese fue el paréntesis.
He pensado en más igual, pero en cosas más alegres, y que no quisiera comentar en esta misma entrada, que me ha dejado un sabor amargo en la boca. O en los dedos.
Perdón, dije ¿Puesto a pensar?
Realmente no me he "puesto" a pensar nada. Tan solo he pensado muchas cosas, que se han cruzado por mi mente derepente y a veces. Realmente he meditado sobre esta entrada (já, cómo si alguien la fuese a leer!)
Quiero empezar con un pequeño paréntesis, que más qué movido por la rabia, como pensé al principio, está movido por la compasión. Por los miles de jovencitos frágiles, famélicos, endurecidos por sus propios miedos y tristezas internas, con esa ropa estrafalaria, gafas enormes y pelo rojo, odiándo la vida, pero sin una fuerza real. Tan sólo hastiados de seguir moviéndose, solo viviendo para seguir esa moda, que se los come por dentro. Hablando en un insoportable espanglish, disfrutando la vida en un impenetrable mutismo, expresando sus sentimientos solo con el alzar de una ceja, inventando amoríos que duran lo de un suspiro y duelen toda una vida, viviendo a través de otros íconos que solo han llegado al nivel máximo de decadencia...
Los nerds de la nueva ola. Más oscuros y retorcidos, la nueva arma.
¿Qué pasa? ¿Qué pasa? Es la soledad, que se traga todo.
¿Y qué hago yo? ¿Dónde estoy? Escribiendo esta nota que a lo sumo mi hermana leerá, y mareándome porque velo por unos 15 adolescentes...
Bueno. Ese fue el paréntesis.
He pensado en más igual, pero en cosas más alegres, y que no quisiera comentar en esta misma entrada, que me ha dejado un sabor amargo en la boca. O en los dedos.
Cambio de casa.
¡Y que revuelo con la remodelación!
Está distinto, ¿No?
Traté de hacer mi blog lo más acogedor que pude... es como si tan solo al verlo ya me arrullara junto al fuego...
¡Y que frivolidad había alcanzado! Olvidaba que segura me siento aquí...
Pensé en borrar mis entradas antiguas, pues me imaginé qué podrías pensar al verlas.
Pero realmente, no tengo de qué temer. Es parte de mi, es parte de lo que fui y, gracias aparte, soy ahora.
Además, yo te acepté con todos tus desgracias y desagrados a rastras, cómo cadenas tintineantes que no sé cómo el resto no escuchó, y que colgaban acompañándote a todos lados. No las juzgué, y sé que se fueron.
Así fue-es para mi. Manchones que ni cicatrizes dejaron, ni huella, más que el revueltijo de colores como recuerdo mi pasado.
Ahora me enfrento tal cual a mi. Cynthiasecas. A secas. Sin sobrenombres, sin escudos, sin guión ni melodrama. Te he invitado a verme, locura, ¿no? Pero muchas veces me lo pediste.
Vuela. Me decías. Vueeeeeeela.
Pues, este será mi rinconcito seguro de volaaaaar.
Te amo, Eric. Ojalá veas esto algún día.
Está distinto, ¿No?
Traté de hacer mi blog lo más acogedor que pude... es como si tan solo al verlo ya me arrullara junto al fuego...
¡Y que frivolidad había alcanzado! Olvidaba que segura me siento aquí...
Pensé en borrar mis entradas antiguas, pues me imaginé qué podrías pensar al verlas.
Pero realmente, no tengo de qué temer. Es parte de mi, es parte de lo que fui y, gracias aparte, soy ahora.
Además, yo te acepté con todos tus desgracias y desagrados a rastras, cómo cadenas tintineantes que no sé cómo el resto no escuchó, y que colgaban acompañándote a todos lados. No las juzgué, y sé que se fueron.
Así fue-es para mi. Manchones que ni cicatrizes dejaron, ni huella, más que el revueltijo de colores como recuerdo mi pasado.
Ahora me enfrento tal cual a mi. Cynthiasecas. A secas. Sin sobrenombres, sin escudos, sin guión ni melodrama. Te he invitado a verme, locura, ¿no? Pero muchas veces me lo pediste.
Vuela. Me decías. Vueeeeeeela.
Pues, este será mi rinconcito seguro de volaaaaar.
Te amo, Eric. Ojalá veas esto algún día.
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