Estos días de eh-nfermedad me he puesto a pensar muchas cosas.
Perdón, dije ¿Puesto a pensar?
Realmente no me he "puesto" a pensar nada. Tan solo he pensado muchas cosas, que se han cruzado por mi mente derepente y a veces. Realmente he meditado sobre esta entrada (já, cómo si alguien la fuese a leer!)
Quiero empezar con un pequeño paréntesis, que más qué movido por la rabia, como pensé al principio, está movido por la compasión. Por los miles de jovencitos frágiles, famélicos, endurecidos por sus propios miedos y tristezas internas, con esa ropa estrafalaria, gafas enormes y pelo rojo, odiándo la vida, pero sin una fuerza real. Tan sólo hastiados de seguir moviéndose, solo viviendo para seguir esa moda, que se los come por dentro. Hablando en un insoportable espanglish, disfrutando la vida en un impenetrable mutismo, expresando sus sentimientos solo con el alzar de una ceja, inventando amoríos que duran lo de un suspiro y duelen toda una vida, viviendo a través de otros íconos que solo han llegado al nivel máximo de decadencia...
Los nerds de la nueva ola. Más oscuros y retorcidos, la nueva arma.
¿Qué pasa? ¿Qué pasa? Es la soledad, que se traga todo.
¿Y qué hago yo? ¿Dónde estoy? Escribiendo esta nota que a lo sumo mi hermana leerá, y mareándome porque velo por unos 15 adolescentes...
Bueno. Ese fue el paréntesis.
He pensado en más igual, pero en cosas más alegres, y que no quisiera comentar en esta misma entrada, que me ha dejado un sabor amargo en la boca. O en los dedos.
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