
Sigo con lo anterior, que no contempla para nada lo que acabo de hablar.
Tu carta sobre el invierno es... no sé. Es...
la Karina (que por si acaso es una asesina!) la encontró encima de mi mesa, y creyó que yo la había escrito, porque... era como leerme a mi. Hasta que siguió y después comprendió que tú la habías escrito.
Es tan extraño, que se me muestra clarísimo, como si siempre hubiese sido así.
Nos conocemos desde siempre, ¿Te das cuenta? Y recorrimos nuestros propios caminos, para encontrarnos en el momento y lugar precisos. Una cola de supermercado. Es que no puedo evitar lo perfecto que es Dios.
Vuelo a mis imágenes en sepia, y creo que todo el tiempo estuve pensando en ti. Que toda mi vida sabía que TE encontraría.
(Rayos, suena tan jodidamente cursi, pero es que ES ASÍ! ¿Cómo expresar algo sin usar las palabras que mejor lo definen? Quizás por eso las han usado tanto las personas, por eso suenan tan manoseadas y pisoteadas, porque, ¡¿Qué palabras usaremos si no las precisas?!)
Recuerdo verte. Eras atrayente y aterrador. Es que, todo, jaja, suena a chiste. Cómo nos encontramos, a quienes les gustamos primero, jaja. Yo, la peor mejor amiga y tú, el Judas. Es tétrico recordarlo, pero es que... fue así. Tantas barreras, tantos obstáculos, ¡Si que fueron hartos! No sé cómo no me he dado cuenta que el mayor puñetazo que le di a mi inseguridad fue confiar en ti. Tenía TODAS las de perder...
Y tú, conmigo, también.
Yo te imaginaba en un mundo dónde habían mil placeres que serían mucho más atrayentes que yo. Y tú (quizás, en solo una suposición, no me lo has confirmado), me imaginabas en un espacio donde habitaba lo puro y sagrado, donde habría otro buen samaritano que me haría más feliz.
Pero Dios tenía planes distintos, y ese día, cuando conversamos como dos extraños que no tienen nada que esconder, nada que aparentar, nada que decirse, pero que sin embargo se dijeron todo... Ese día surgió la diferencia. Para ambos.
Nunca podría escribir nuestra historia. Porque es un atado imposible de sensaciones y directrices que se entrelazan. Pasaron tantas cosas, ¿recuerdas? Somo tan distintos a aquel entonces, y sin embargo, seguimos siendo los mismo...
Tan sólo va un poco más de un año, y nunca mi vida había dado un sacudón tan grande. No puedo olvidar la cara de mi mamá mirándonos desde lo alto de esa vitrina, con los ojos más asesinos que una pastora se puede permitir, y compararla con el abrazo que te dio en medio de lágrimas de un amor que te adoptaba, y que aun ahora me sorprende.
Tus ojos. Nunca los vi tan dulces. Eran grises, antes, eran grises y asustaban, eran atormentados, y escondían tantas cosas. Tu rostro, eran dos rostros bajo una misma piel, y sin embargo Dios me permitió conocerte... Te vi a ti, desde el principio, nunca fuiste el Psychedelic, ni ninguna otra cosa, siempre fuiste tú, y de ti me enamoré, no de tu carátula, no del que contaron que eras, no del que fingiste ser. (Porque admito que muchas veces te confundí con el insufrible Jim, con el adorable Principito y el volador Peter, pero ellos no me interesaban, lero lero.) Y las personas amables que me intentaron disuadir de mi elección, que me previnieron de ti... y mi propio instinto de supervivencia, que me decía ¡Corre! ¡Huye!
Las veces que crucé nadando esa piscina donde siempre pensaba en ti, eran para mi entrenamiento de resistencia, para correr lejos de ti, alejarme tan rápidamente para que no pudieses encontrarme. Pero siempre me encontrabas.
O quizás siempre te volvía a buscar.
Los sentimientos de culpa, el atormentarme pensando que todo era una treta del enemigo para desviarme del enorme desafío que Dios me había encomendado, llevarte a que le conocieras.
Luché, luché mucho, aunque quizás no lo suficiente. Porque, es probable, que en el fondo de mí existía la certeza (sin yo saberlo jamás, sino hasta ahora) que era una lucha de antemano perdida.
Es extraño darse cuenta ahora que Dios escuchaba todas y cada una de mis oraciones desconsoladas durante todos estos años, donde le rogaba encontrar a alguien que me amáse y no sentirme así tan sola y desgraciada (era una chica dramática, eh!), preguntando "para qué" "cómo" "cuándo" "dónde" "quién" "yo" y "por qué" no me amaba el amor de mi infancia, sufriendo como solo una niña de 15 años puede hacerlo, descubriendo recién que tiene un corazón, y que está herido. Y sin embargo, él me escuchó. Sólo que no era el tiempo adecuado.
Que a mi se me ocurriera en segundo medio estudiar Trabajo Social, (que a ti no te alcanzase el puntaje para estudiar sociología!), que mi mejor amiga fuese tan sociable, que tu hayas sobrevivido a un tsunami, que tuvieras vales sodexo, que la Jordana también, que tuviesemos que hacer una etnografía, que yo te viese por primera vez echado en una silla y con pinta de no estar en este mundo, que en la banca donde nos sentamos a conversar antes de irnos a la iglesia tu me dijeses "Voy contigo porque me gustas", que yo abriese los ojos asustada y tu rieras alegremente de tu propia broma inventada al vuelo, que siguieras viniendo y Dios hablase calladamente a tu vida, que desde el primer día no pudimos estar sin comunicarnos, que ambos creyésemos que todo era un juego más, pero que después nos comenzó a atormentar hasta dormidos, que los demás amoríos fugaces desapareciendo de una plumada del corazón, que mi mamá te odiara y luego te quisiera a pesar de mi, que el chico que no lloraba se encontrase un día sin poder aguantarse las lágrimas en una pieza llena de gente que cantaba a Jesús, que la chica que siempre fingía sonreír admitiera de verdad que una parte de su corazón estaba roto y que lo escondía hacía años, que el perfume que te compré fuese el que más te ha gustado en la vida, que las flores que me has regalado son las más hermosas de la tierra, que me dijeras que soy linda a pesar de estás horriblemente resfriada, que cada día te encuentre más azul y con un caballo blanco a la siga, que el milagro que siempre pedí tuviese tu nombre y tus ojos, que la mano que necesitabas para levantarte fuese la frágil y helada mía...
Que todo esto no es casualidad, y que ¡RECóRCHOLIS! Te amo :)
Y esto fue solo el comienzo. Porque nuestra historia no ha parado de cambiar, y no fue como las películas, que la besarse los protagonistas la voz en off dice: Y vivieron felices para siempre...
Sino que es: Y viven felices aun. Y para siempre.
Tu carta sobre el invierno es... no sé. Es...
la Karina (que por si acaso es una asesina!) la encontró encima de mi mesa, y creyó que yo la había escrito, porque... era como leerme a mi. Hasta que siguió y después comprendió que tú la habías escrito.
Es tan extraño, que se me muestra clarísimo, como si siempre hubiese sido así.
Nos conocemos desde siempre, ¿Te das cuenta? Y recorrimos nuestros propios caminos, para encontrarnos en el momento y lugar precisos. Una cola de supermercado. Es que no puedo evitar lo perfecto que es Dios.
Vuelo a mis imágenes en sepia, y creo que todo el tiempo estuve pensando en ti. Que toda mi vida sabía que TE encontraría.
(Rayos, suena tan jodidamente cursi, pero es que ES ASÍ! ¿Cómo expresar algo sin usar las palabras que mejor lo definen? Quizás por eso las han usado tanto las personas, por eso suenan tan manoseadas y pisoteadas, porque, ¡¿Qué palabras usaremos si no las precisas?!)
Recuerdo verte. Eras atrayente y aterrador. Es que, todo, jaja, suena a chiste. Cómo nos encontramos, a quienes les gustamos primero, jaja. Yo, la peor mejor amiga y tú, el Judas. Es tétrico recordarlo, pero es que... fue así. Tantas barreras, tantos obstáculos, ¡Si que fueron hartos! No sé cómo no me he dado cuenta que el mayor puñetazo que le di a mi inseguridad fue confiar en ti. Tenía TODAS las de perder...
Y tú, conmigo, también.
Yo te imaginaba en un mundo dónde habían mil placeres que serían mucho más atrayentes que yo. Y tú (quizás, en solo una suposición, no me lo has confirmado), me imaginabas en un espacio donde habitaba lo puro y sagrado, donde habría otro buen samaritano que me haría más feliz.
Pero Dios tenía planes distintos, y ese día, cuando conversamos como dos extraños que no tienen nada que esconder, nada que aparentar, nada que decirse, pero que sin embargo se dijeron todo... Ese día surgió la diferencia. Para ambos.
Nunca podría escribir nuestra historia. Porque es un atado imposible de sensaciones y directrices que se entrelazan. Pasaron tantas cosas, ¿recuerdas? Somo tan distintos a aquel entonces, y sin embargo, seguimos siendo los mismo...
Tan sólo va un poco más de un año, y nunca mi vida había dado un sacudón tan grande. No puedo olvidar la cara de mi mamá mirándonos desde lo alto de esa vitrina, con los ojos más asesinos que una pastora se puede permitir, y compararla con el abrazo que te dio en medio de lágrimas de un amor que te adoptaba, y que aun ahora me sorprende.
Tus ojos. Nunca los vi tan dulces. Eran grises, antes, eran grises y asustaban, eran atormentados, y escondían tantas cosas. Tu rostro, eran dos rostros bajo una misma piel, y sin embargo Dios me permitió conocerte... Te vi a ti, desde el principio, nunca fuiste el Psychedelic, ni ninguna otra cosa, siempre fuiste tú, y de ti me enamoré, no de tu carátula, no del que contaron que eras, no del que fingiste ser. (Porque admito que muchas veces te confundí con el insufrible Jim, con el adorable Principito y el volador Peter, pero ellos no me interesaban, lero lero.) Y las personas amables que me intentaron disuadir de mi elección, que me previnieron de ti... y mi propio instinto de supervivencia, que me decía ¡Corre! ¡Huye!
Las veces que crucé nadando esa piscina donde siempre pensaba en ti, eran para mi entrenamiento de resistencia, para correr lejos de ti, alejarme tan rápidamente para que no pudieses encontrarme. Pero siempre me encontrabas.
O quizás siempre te volvía a buscar.
Los sentimientos de culpa, el atormentarme pensando que todo era una treta del enemigo para desviarme del enorme desafío que Dios me había encomendado, llevarte a que le conocieras.
Luché, luché mucho, aunque quizás no lo suficiente. Porque, es probable, que en el fondo de mí existía la certeza (sin yo saberlo jamás, sino hasta ahora) que era una lucha de antemano perdida.
Es extraño darse cuenta ahora que Dios escuchaba todas y cada una de mis oraciones desconsoladas durante todos estos años, donde le rogaba encontrar a alguien que me amáse y no sentirme así tan sola y desgraciada (era una chica dramática, eh!), preguntando "para qué" "cómo" "cuándo" "dónde" "quién" "yo" y "por qué" no me amaba el amor de mi infancia, sufriendo como solo una niña de 15 años puede hacerlo, descubriendo recién que tiene un corazón, y que está herido. Y sin embargo, él me escuchó. Sólo que no era el tiempo adecuado.
Que a mi se me ocurriera en segundo medio estudiar Trabajo Social, (que a ti no te alcanzase el puntaje para estudiar sociología!), que mi mejor amiga fuese tan sociable, que tu hayas sobrevivido a un tsunami, que tuvieras vales sodexo, que la Jordana también, que tuviesemos que hacer una etnografía, que yo te viese por primera vez echado en una silla y con pinta de no estar en este mundo, que en la banca donde nos sentamos a conversar antes de irnos a la iglesia tu me dijeses "Voy contigo porque me gustas", que yo abriese los ojos asustada y tu rieras alegremente de tu propia broma inventada al vuelo, que siguieras viniendo y Dios hablase calladamente a tu vida, que desde el primer día no pudimos estar sin comunicarnos, que ambos creyésemos que todo era un juego más, pero que después nos comenzó a atormentar hasta dormidos, que los demás amoríos fugaces desapareciendo de una plumada del corazón, que mi mamá te odiara y luego te quisiera a pesar de mi, que el chico que no lloraba se encontrase un día sin poder aguantarse las lágrimas en una pieza llena de gente que cantaba a Jesús, que la chica que siempre fingía sonreír admitiera de verdad que una parte de su corazón estaba roto y que lo escondía hacía años, que el perfume que te compré fuese el que más te ha gustado en la vida, que las flores que me has regalado son las más hermosas de la tierra, que me dijeras que soy linda a pesar de estás horriblemente resfriada, que cada día te encuentre más azul y con un caballo blanco a la siga, que el milagro que siempre pedí tuviese tu nombre y tus ojos, que la mano que necesitabas para levantarte fuese la frágil y helada mía...
Que todo esto no es casualidad, y que ¡RECóRCHOLIS! Te amo :)
Y esto fue solo el comienzo. Porque nuestra historia no ha parado de cambiar, y no fue como las películas, que la besarse los protagonistas la voz en off dice: Y vivieron felices para siempre...
Sino que es: Y viven felices aun. Y para siempre.
Foto: Pinguinos amantes del frío.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarWow, la niña enamorada. Me queda claro
ResponderEliminar(Rayos, suena tan jodidamente cursi, pero es que ES ASÍ! ¿Cómo expresar algo sin usar las palabras que mejor lo definen? Quizás por eso las han usado tanto las personas, por eso suenan tan manoseadas y pisoteadas, porque, ¡¿Qué palabras usaremos si no las precisas?!)
Hey! eso lo dije yo en mi "belicosidad clichesesca!" ladrona máxima
y no soy asesina, la planta esta felizmente viva en su masetero alegre :)
Amo tu blog. Ya lo he dicho
:D
Nose terminar algo, asi que me robo un final de Barahona
y eso
y uvas y queso
y en el alma, un beso